Aunque es conocido el descontento en relación con las multinacionales, es necesario ver los argumentos con los que son avalados.
No cabe la menor duda que es evidente que, irrefutablemente, según sea más conveniente para los intereses de cada cual, se enviará un mensaje en un sentido o bien otro en el contrario, e incluso se construirán teorías muy esclarecedoras que hagan hincapié en ello, de una manera que sea muy explicativa para la conveniencia de cada interés concreto. Pero hay que tener siempre en cuenta que, si en realidad lo que finalmente aporta una multinacional es superior a lo que llega a poder destruir en la economía local, lógicamente es evidente que resultará ser de hecho beneficioso, en la práctica, la presencia de dicha multinacional para esa región donde se encuentre.
Aunque es conocido el descontento en relación con las multinacionales, es necesario ver los argumentos con los que son avalados. Las sociedades ven a las transnacionales como firmas explotadoras y agresivas en su política en los países en los que se encuentran. En concreto, ven un problema ético en la búsqueda de producir en mercados donde la mano de obra sea más barata y no cuente con todos los beneficios o las seguridades que en el país de origen de la firma.
Ehsan Ullah Khan, activista paquistaní, es uno de los que sostiene este argumento. En declaraciones a la prensa internacional afirma que “Occidente protege a sus niños, pero sus multinacionales abaratan su producción en el tercer mundo con mano de obra infantil”. Esos son justamente los argumentos empleados por organizaciones como el Comité de Trabajo Nacional, Global Exchange o Sweatshop para forzar a contar con unos controles mínimos en sus procesos de producción, así como en el de sus proveedores.
La lupa se ha posado principalmente sobre empresas deportivas, textiles, construcción y lujo, a las que se han sumado más recientemente las de electrónica y vehículos eléctricos. En este sentido, Seema Joshi, responsable de empresas y derechos humanos en Amnistía Internacional, asegura que “inicialmente, nuestras investigaciones hallaron que en las cadenas de suministro de algunas de las marcas más importantes del mundo hay cobalto extraído por niños y adultos en terribles condiciones en la República Democrática del Congo. Cuando nos pusimos en contacto con estas empresas, nos sorprendió descubrir que muchas no hacían preguntas básicas respecto a la procedencia de su cobalto”, ha declarado.
Otra de las denuncias está relacionada con la destrucción de ecosistemas. En especial, se consideran contraproducentes para los recursos naturales la estrategia empleadas por las multinacionales en los mercados de la minería y el petróleo. El fracking (técnica para la extracción de petróleo y gas natural atrapados en los poros de formaciones rocosas poco permeables) se ha convertido en uno de los casos más polémicos de los últimos años, por lo que se ha denunciado no solo el daño generado al medioambiente y la seguridad de los ciudadanos, sino también los intereses ciegos por impulsarlo por parte de multinacionales canadienses, fondos británicos y hasta algunos gobiernos.
Al listado se siguen sumando otras críticas como la generación de precariedad laboral, presiones sobre la producción y empresas locales, promover la corrupción, aumentar los niveles de deterioro social y minar los derechos de los trabajadores.

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